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jueves, 14 de agosto de 2014

AMO, ERGO SUM.


El tacto innato de tus manos hacia mis manos no discutía, envilecidos después del romper el paradigma de unos meses de abstención, me veía conmovido y casi moribundo en tu regazo , en tus pechos y tu cabello. Las palabras rusas y francesas terminaron por pegárseme, duelen como inspiración matutina, como no escribir durante el sueño, como acordarse vagamente de tu beso, de la sonrisa que prendía los ojos de cualquiera e iluminaba esa oscuridad repetida, porque lo que observaba y no disimulaba era como titilaban raramente.

"Carpe Diem" Mi musa santurrona, desenvainas una espada gruesa, afilada, cortas las rosas oscuras y hierbas, hasta el farol y, aún así de vano te sigues diciendo Carpe Diem ¿Yo que me sigo diciendo? Amo, ergo sum.

-Por Caribú

miércoles, 30 de julio de 2014

La Injusticia de la Muerte IV



-Ahora se dan cuenta que compleja puede llegar a ser la muerte, ¿no? - decía la muerte mientras su risa burlona se escuchaba por todo el lugar.
-Qué Alguien sea el primero - gritaron Todos.
-¿Yo por qué? - respondió temeroso Alguien.
-Tú fuiste el de la idea.
-Por lo mismo, al ser el de la idea, merezco ser el primero en saludar a nuestro salvador.

La Muerte en vista de que los ánimos se agitaban declaró: “Eso sí, él debe morir voluntariamente, si no, no es posible que se tome en cuenta su muerte; la de él, ni la de nadie que no quiera morir por su “salvador”. Tal vez por hacer tan noble acción la persona en sacrificarse iría al cielo, pero si para saberlo uno tiene que morir, ¿Quién quisiese saberlo?, Cuan poco valorada es la vida cuando se tiene, y cuando se va a perder, cuan preciosa es; más valiosa que todos esos tesoros anhelados, en los cuales, se llegaba a arriesgar la vida para tenerlos. Las ironías de la vida.

Alguien dijo: "Si realmente amaron a esta persona, y mejor aún, aman a la humanidad; levanten su mano los que deseen ser “sacrificados” por un bien mayor."

Aunque no lo crean, hubo más de mil personas que levantaron la mano. Siempre se puede contar con las personas en momentos de “real” necesidad.

-¡Excelente! - exclamó Alguien - Eh ahí a tu dinero, tómalo y danos lo que vinimos a buscar.

La Muerte, se quedó pensando, titubeo y hasta parecía que ella se sintiese estafada: cual buena estafadora que era.

-De acuerdo, he aquí a su marqués - y tras decir esto, tronó los dedos y la gente que había levantado la mano cayó víctima de un infarto al corazón. A su vez las puertas del más allá se abrieron y de ellas salió nuestro amado galardonado. 

-Ahora escucha bien Mano manito, murieron 1058 personas por ti, o sea que tienes 1058 días de vida, equivalente a dos años, diez meses, tres semanas y veinticuatro días. Qué te parece el trato que hizo esta buena gente para que regresases a este mundo.
-Una completa estupidez - respondió tremendamente enojado  el señor Manuel -Por esto fue que fui tan buena persona con todo el planeta. Toda mi vida la dí por ustedes, y que obtengo al final, egoísmo, puro egoísmo de su parte; me repugnan Todos. Ya morí, déjenme descansar. Hice lo que pude cuando me correspondía; a los que siguen con vida les tocaba, en teoría, seguir mis pasos y así lograr ser mejores que yo. Para eso creía que había venido al mundo a enseñarles. Pero al parecer ustedes sólo quieren legarme la “responsabilidad” del mundo a mí. Me decepcionan.
-Pero, creíamos que te gustaría estar de vuelta aquí - dijo Alguien asustado.
-¡Creían!, ¡Ustedes creen lo que quieren! - gritó con más fuerza Manuel - estaban tan apresurados en revivirme que nadie pensó quizás yo estaba bien en el más allá.

La Muerte viendo su “oportunidad”, “muy oportuna”, le dijo a Manuel: Manito, quieres volverte a morir.

Fríamente “El Segundo Jesús” dijo: sí. En ese momento desapareció junto con la Muerte.


Todos junto con Alguien se quedaron pasmados y conmocionados. Se vieron los unos a los otros y pensaron: después de todo ese Manuel Márquez Valladares no era tan gran persona.

-Por Augusto Montero.

miércoles, 16 de julio de 2014

El Hijo de la Gran Farsa

Una reflexión y revelación por parte de un colaborador anónimo

Hace unos años, el líder de una asociación civil me hizo una pregunta y, recuerdo que con ella, me vino una reflexión; al verme derrotado en una candidatura -no por mi falta de capacidad, si no, por una traición- se acercó mirándome y proyectando con sus ojos un cuestionamiento. Caminando hacia mi, preguntó: "¿De que institución política es usted señor?

   Estaba en el suelo y pensé ¿De que institución política soy?

   Después de un instante de recapacitar me levanté, miré a esa persona como si tuviera derecho a juzgarme, tomé aire y al fin respondí.

<<Vengo de una institución muy antigua, más que usted y yo, a la que se le atribuyen victorias en las urnas por mayorías aplastantes, forjada con sangre, y sí, sangre de personas valientes, pensantes, que dieron su vida por querer cambiar la estructura política de este país. Efectivamente, esta institución fue la culpable de ese derramamiento, ella y el aborrecible interés personal de sus dirigentes, que asesinaron a personas por considerarlas hostiles al bien común. Forjaron la institución de sangre, la forjaron de traición.
   >>Vengo de una institución que olvida a sus votantes, de un partido que vela por los intereses, pero los propios, que se dice nueva, renovado, institución de mentira, infestada de aduladores que se pelean el ascenso al poder, cuyos dirigentes han sido como dioses para los ciudadanos, ya que tienen el derecho de conceder o quitar la vida, el derecho de dar alimentos o retirarlos, de asesinar a ignorantes, de martirizarlos y deslumbrar con sus hazañas falsas. Hablo de una institución que se cree dueña de la tierra mexicana, que extiende su marco jurídico a propio antojo, que manipula los medios de comunicación. La institución de los silenciadores, silenciados y demás seguidores.

   Soy hijo de la revolución Mexicana...
   Soy hijo de la gran farsa.

-Por Anónimo

domingo, 6 de julio de 2014

La Injusticia de la Muerte III


Tercera Parte

Las puertas de la muerte no son como muchos creerían que son. Quizás hechas con huesos humanos o de un metal frio y siniestro. No, a la muerte le gustaba la caoba; eso sí, sus puertas eran impenetrables. Eran muy grandes, probablemente de cincuenta treinta metros de altura por diez de ancho. Ubicadas en aquel lugar a donde los hombres temen ir, solos. Pero en vista de la gran multitud - millones tal vez - que miedo iban a sentir.

   Tocaron una vez y no escucharon respuesta; tocaron nuevamente y no se escuchó nada; tercera vez resonaron los golpeteos de la gente en la puerta y no hubo respuesta. La muchedumbre gritaba, ¡Tiren las puertas!, mas nadie sabía cómo. Creían que abalanzándose hacia ésta terminaría cediendo y podrían pasar, pero esa no era una puerta cualquiera, quién sabe con que se encontrarían adentro, sin mencionar el hecho de la mítica resistencia, la cual evitaba que cualquier cosa viva pudiese traspasarla.

   Estaban a punto  de linchar a la persona de la brillante idea de traer a una enorme masa de gente a las puertas de la muerte sin la más remota idea de cómo abrirlas cuando éste, viendo su próxima entrada a estas puertas grito:

-¡No lo hagan! Ya sé como abrirlas – mandó callar a todos y dijo con voz moderada - Disculpa Muerte, podrías abrirnos.

   Súbitamente la Muerte traspasó la puerta y le dijo: ¡No!

   Todos quedaron impactados con la figura de la muerte - nada interesante su aspecto, era el típico saco de huesos tan parodiado y ridiculizado de toda la vida - por el hecho de que se hubiese dignado a aparecerse ante todos.

-¿Por qué no? - preguntó tristemente Alguien.  
-Porque ya se a lo que vinieron; quieren revivir a su ídolo, a ese Manuel Márquez Valladares, y eso no pasará jamás. La muerte es lo que les llega a todos - respondió enojada la Muerte - Les guste o no, es el orden natural de las cosas, a si ha sido siempre y has será por toda la eternidad.

-Entonces tiraremos la puerta - gritaban Todos.
-Adelante idiotas, háganlo - decía la Muerte mientras reía- Todos los demonios y seres obscuros saldrán junto con  todos los condenados del infierno. Y en lo respectivo a su amado Márquez, él no se irá de donde está. Saben la razón; el cielo es mucho mejor que estar aquí; nadie que esté en el cielo vendrá a ayudarlos. En cambio los seres que habitan el infierno estarán más que contentos de estar libres nuevamente. El sufrimiento eterno en la tierra es lo que les espera si tumban mis puertas.

   Todos estaban tremendamente enojados con Alguien, ese tonto que sugirió tan terrible idea. Sin embargo, Todos aman culpar a Alguien de su respectiva estupidez, y Nadie, nunca asume su responsabilidad.

   Justo cuando estaban a punto de lanzarse a despedazar a Alguien la Muerte interrumpió gritando:

-¡Alto!, ¡Acepto!, ¡Les regresaré a su amado Márquez! Cuando acabo de decir eso, la Muerte con una sonrisa de “oreja a oreja” se elevo sobre la multitud y les dijo en voz alta, para que se escuchase perfectamente lo que les iba a decir - Os devuelvo a su amado señor con la condición de que una persona debe sacrificarse para que el pueda vivir…un día. Por cada persona que se sacrifique él obtendrá un día más de vida.

   Todos quedaron silenciados y pensaron que habían sido estafados.

-Por Augusto Montero

martes, 24 de junio de 2014

La Injusticia de la Muerte II

Primera Parte

Segunda Parte

El mundo estuvo de luto, no una, no dos, no tres semanas… estamos a punto de cumplir su tercer aniversario luctuoso y aún la gente llora por su defunción. La fé en la humanidad se perdió con su muerte. Suicidios se han realizado en protesta de la gran injusticia de la “baja” de este gran ser humano. “Ser o no Ser”: ya no importa la cuestión de “Ser” si no hay motivo para ser. No hay quien pueda llenar el vacío que nos dejo su partida. O, ¿si lo hay?

-¡Oigan tengo una idea!- exclamó alguien- Antes de decirla, seamos total y completamente honestos con nosotros mismos: ¿Quién en el mundo era mejor que él? A mi gusto, nadie; ¿Quién lo puede suplir?  Por supuesto, que nadie; ¿En él se encontraba la esperanza en la raza humana?, él era (o mejor dicho, es) lo mejor de esta especie. Por lo anterior ya expuesto propongo algo.


-¿Qué cosa?- preguntaron todos.

-Vayamos todos, he dicho todos a los que sí les importe nuestro mundo y crean aún en él- dijo alguien muy emocionado- a rescatarlo de la muerte, a sacarlo del submundo, a revivir a nuestro mesías.

-¡Sí!- gritaron todos- vamos a las puertas del inframundo a exigir su liberación y que lo reintegren al mundo de los vivos. Amén.


   Y la multitud llena de júbilo fue corriendo a donde se encontraban las mismas puertas que daban acceso al otro mundo. Uno nunca sabe de lo convincente que puede llegar a ser una multitud enardecida y cegada por el fanatismo… quizás hasta obligar a la “Vida” a volcarse contra ella misma.

-Por Augusto Montero

lunes, 23 de junio de 2014

El Cangrejo

Una odisea marina de proporciones cetáceas

Hace días decidí duplicar mis esencias en un estrepitoso viaje de procreación, eso hubiera sido mejor que lo que en realidad pasó, pues lo único que quería era huir y ¡qué mejor lugar que Tijuana!, la ciudad mas cálidamente fluorescente, un lugar para olvidar, muy parecida a “Cangrejolandia”, mi lugar natal, o eso me hicieron creer los medios para dejar de preguntar.

Durante mi travesía visité el Mar de Cortés, un lugar demasiado azul para mi gusto y muy cálido como para que una beluga decida allí perder su rumbo, una tierna ballena blanca de curvas gordibuenas, mirada estereoscópica y un aparato reproductor perfecto. Me hicieron olvidar por un instante que se encontraba varada pidiendo auxilio -o eso creí yo- ahogada en aires que no podía respirar, aquellos vientos tóxicos, el aire del prejuicio. Me tomó seis segundos rescatarla ¿o fueron siete? Tal vez, lo importante es que en ese preciso instante ella me dijo “¿estás bien?”.

Tic tac, es momento de olvidar

Pasaron las horas necesarias para hacer llegar la noche, era momento de arribarla en aquél motel "Nuestro mar" con agua caliente. De inmediato quise restregarle mis huevos, ¡y no me mal interpreten! Esto no significa que yo fuese un cangrejo hembra, sino que soy "un verdadero pervertido". Montado en ese suave manto cetáceo, blanco como su ártico natal pero cálido como si las aguas del Caribe la hubieran bañado de su esencia, su relinchar de yegua alegre simplemente hacía temblar mis tenazas aferradas de sus apestosas aletas. Por seis minutos ¿o fueron siete? Tal vez…Fuimos brisa y marea, pies y cabeza, erotismo y pornografía a la vez, hubiera preferido que fuese más tiempo. Apuesto que ella también lo hubiera deseado, pero no soporté... Era momento de manchar de espuma nuestro mar.

Después de culminar en repetidas ocasiones nuestro fugaz apareamiento, quedamos los dos recostados sobre la levedad de las olas mansas mirando el eterno firmamento, entonces, ella me dijo: ¿Crees que el sol y la luna hagan lo mismo que nosotros, un fugaz ciclo de apareamiento? ¿Y que el día y la noche sean consecuencia de su eterno cortejo? -añadió- ¿Que si un día la luna decide terminar con esto, el astro sol se suicide por amor y las lóbregas noches se vuelvan eternas? Yo le contesté: ¡no seas tonta! El día y la noche son consecuencia del efecto de rotación del planeta... Los dos carcajeamos hasta dormir.

A la mañana siguiente me encontré con un viejo amigo, su nombre era Pánfilo, nos conocíamos desde que éramos zoeas. Me platicó que era momento de zarpar a la mar, pues “Cangrejolandia”, mi ciudad natal, llegaba a su ocaso. Yo no quería partir dado que había hallado a la beluguita de mi corazón, él por supuesto no lo entendió y llenó su duro caparazón de cerrazón; al final me convenció de salir en busca de un nuevo hogar, nuevas tierras donde los medios no difundieran su emisión, ese era mi destino, mi misión... Era momento de decirle adiós.

-¡Beluga de mi corazón, la casualidad de nuestro encuentro terminó! 

-Causalidad…-me replicó.

-Bueno, lo importante es que tengo que salir en mi misión, nuevas tierras aguardan, hembras más buenas esperan, a la batalla con los medios debo darle fin.

-El fin está en tí.

-Gracias, pero el punto aquí es que no me podrás acompañar, solo los de duro caparazón pueden soportar la travesía

-Al fin que ni quería ir.

Ella sonrió y pude ver por qué la llaman odontoceta, ya podía ver sus defectos y sé que también podía ver los míos. Ella me preguntó dónde quedaría, a lo que respondí:

-A veces hay un gran caballo en el dormirás con tranquilidad, es el gran caballo blanco tu nuevo hogar, pues ya no hay cangrejos en “Cangrejolandia”, beluga de mi corazón, sólo queda la desolación, un árido recuerdo como una laguna mental. ¿Quieres saber la verdad? ¿Cómo es que esto sucedió? Te lo diré, los medios atacaron ferozmente, el primero en caer fue la garganta, agonizaba como cerdo, "descanse en paz". Por la retaguardia, el estómago pidió clemencia pero la esencia le perforó sin piedad, "descanse en paz". Al último, el valiente hígado dejó de trabajar para luchar, "descanse en paz". Así es amada mía, murieron por su alcoholismo…Pero no estés triste, tú bien sabes que se lo buscaron, ya seca las lágrimas que las ballenitas no pueden llorar, ya limpia tu boquita que aún puedo ver el pescado entre tus dientes.

-Cuéntame de aquél caballo blanco, aquél donde dormiré tranquila.

-Mira, no tengo tiempo, mi barco ha de zarpar, hay un momento para todo.

Tic toc, es momento de llorar

El alma tocó a la puerta, era tiempo de arribar con una fuerza descomunal pero sólo callé la boca y me retiré, me armé de valor y la miré por última vez como si valiera la pena, bajé la vista a sus caderas marinas respondiéndome con una mirada salada.

Era el adiós fotónico, eterno... Aunque para mí no lo era, quería decir cuánto... Quisiera decirle que es todo un deleite poder mirarle a los ojos y contemplar esa discreta belleza que viste, decirle "amo tus escamas cubiertas de sudor manso, dándole brillo al pelaje de aquellas piernas de toro de lidia; extrañaré tu ensanchado espacio por cetáceos desesperados, el castigante olor de tus fosas allanadas, no olvidaré el graznar de tu pico ni el rasguño de tus tenazas, mi morena tibia, a veces rubia de cero absoluto, la bestia de mi corazón”.

36 segundos transcurrieron en silencio, un golpeteo en mi lóbulo frontal me reanimó y tan sólo pude decirle: ¡Lárgate ballena, que los pescados esperan! Yo supuse que tendría hambre... yo supuse. No quería irme, no quería.

Desperté la mañana siguiente en alta mar, me sorprendió que el Sol ya no estuviera con temor en las palabras, le pregunté a Pánfilo si el gran astro había muerto, si la tristeza lo llevó al suicidio por la hegemonía de la Luna y él me respondió “Son las 5:36 de la mañana, aún no amanece pendejo”, los dos carcajeamos hasta las lágrimas.

Tic tac, es momento de recordar

Cayendo en un profundo sueño, saltando del puente de mi más profundo

consiente, sumergido en el estrecho río del recuerdo, llegó a mí el momento en que nos conocimos. Las gorgoreadas voces daban vueltas sobre mi, eran sus palabras.

-¿Estas bien? luces afeminado

Me sorprendió su pregunta y su afirmación, y aún más que vinieran de alguien que se ahogaba, me pregunté ¿quién salvaba a quién?

-Perdón, pero no es mi intención insultarte, mas bien reconfortarte, pareces temeroso, lo siento en tu mirada

-Será por que casi te mueres, ¿adivina?

-Bueno, no importa, algún día me darás las gracias.

-¡¿Qué le pasa a esta pendeja?!

-Dime, ¿cómo te llamas? ¿De dónde vienes?

-Soy un cangrejo y soy de “Cangrejolandia”

-¡Qué extraño eres! para ser un cangrejo luces muy joven, en dado caso tan sólo eres un megalopa

-Ja, ja me muero de risa

-Gracias por venir en mi auxilio, me advirtieron que no me metiera a nadar, que las corrientes podrían ahogarme pero no me resistí, las playas en mar de Cortés son muy bellas, por cierto, mi nombre es Alejandra y déjame decirte algo... No eres un animal.


-Por 'Recio'

sábado, 21 de junio de 2014

La Injusticia de la Muerte

“Hagamos de la muerte, si es que se nos está reservada alguna, la más grande de las injusticias”- Herbert Reed

Primera Parte

La mañana del 2 de febrero del año 2020 murió el aclamado científico y humanista Manuel Márquez Valladares. Era un experimentado químico; excelente  médico; maravilloso literato y grandioso ser humano. No sólo había sido el único ser humano en haber ganado  cuatro diferentes premios Nobel (Química, Medicina, Literatura y Paz), sino que había donado prácticamente todo el dinero de aquellos premios para ayudar a distintas causas por el bienestar de la humanidad. Era lo que se puede decir un espléndido ser humano; algunos llegaron a decir que era el Jesucristo del milenio, un mesias que no decepcionaba a nadie, pero tal como su supuesto antecesor, murió. El corazón de un santo termina por dar todo su amor al mundo, desgastarse y dejar de latir…bueno, a los 86 años no tenía nada de extraordinario. 
  
   La noticia del fallecimiento de tan valiosa persona, no sólo a la comunidad científica y literaria, también para todas las personas del mundo que aún creían en la buena voluntad del prójimo, se dio a conocer en todo el mundo tan sólo diez minutos después de que la mujer que tenía el privilegio de ser su enfermera irrumpiera en su habitación después de no escuchar respuesta tras preguntar  tres veces si ya se había despertado. Estas son sus exactas palabras:

“El señor Márquez, ¡Qué Dios lo tenga en su gloria!, solía despertarse a las nueve en punto, y me pedía que le trajese el desayuno a las nueve con quince minutos, - cabe resaltar que siempre lo hacía con gran amabilidad - le gustaba tomarse esos quince minutos para contemplar su alrededor, disfrutar la soledad y tranquilidad del nuevo día que se le brindaba. Al tocar a las nueve con quince exactamente y no escuchar respuesta, me preocupé, me preocupé muchísimo pues en todos mis años de servirle,
fue la primera vez que no escuche respuesta cuando tocaba su puerta. Toqué, nuevamente y espere unos diez segundos, realmente no estoy segura de cuánto tiempo fue lo que espere; mas calculo esa cantidad de tiempo. Finalmente y queriendo contener el grito de auxilio; toqué por vez ultima, no hubo respuesta. Abrí la puerta sin importar las consecuencias que me pudiese traer eso - en el fondo no temía algunas, pues sabía que el señor Márquez no se enojaría si le explicaba la razón de perpetuar de esa manera a su habitación; nunca lo he visto enojado, así que eso me dio valor-, mis ojos no aguantaron ver a mi señor, recostado en su cama, sin moverse y…”

   Para estos momentos la enfermera de nuestro amado “mesias” prorrumpió en llantos y no pudo continuar: lo quería demasiado.

-Por Augusto Montero